martes, 27 de julio de 2010

¿CÓMO FORTALECER TU “HOMBRE INTERIOR?”.

CARTA CIRCULAR
Junio 2010


 Queridas hijas en el Señor: Nos dice San Pablo en su Carta a los Efesios, capítulo 3, versículo 16: “Que Dios os conceda ser poderosamente fortalecidos en el hombre interior por su espíritu” Existe en ti, como en mí “el hombre animal  y el hombre interior”. El primero nació contigo y sigue en ti, y el segundo, u hombre interior,  ha sido puesto en tu alma por Dios.
El hombre interior es tu espíritu humano, regenerado por la divina gracia; es el hombre espiritual que ha renacido porque ha renunciado a las cosas mundanas y a los placeres de los sentidos, los cuales utiliza sólo para caminar hacia Dios.
Existe en ti, si es que buscas la santidad de verdad, una permanente lucha entre tu hombre animal y tu hombre interior, y sólo vencerás al hombre animal ayudada por los Dones del Espíritu Santo, que Él infunda en tu alma
Si tú colaboras con dichos Dones, Cristo habitará en ti  por la fe, pero no sólo Cristo, sino Él unido al Padre con el Espíritu Santo. Pero su presencia en ti es cada vez más profunda, cuanto más tú vivas dentro de ti, apoyada y refugiada en  ELLOS.
Si quieres crecer en el amor, has de vivir a lo largo de tu vida, unida a la Fuente del Amor, que vive dentro de ti.
Te darás cuenta, hija mía, que es problema de generosidad por tu parte. Si tú, como alma consagrada, crees con espíritu de fe, que la Santísima Trinidad mora y habita en ti, con el objeto de divinizarte, venciendo de esta manera a tu “hombre animal” que llevas dentro, que no es otro que tu amor propio, orgullo, soberbia, envidia, etc., lograrás que triunfe y crezca en ti el “hombre interior”, haciendo cada día más vigoroso y divinizado; pero si no colaboras con Dios y te dejas arrastrar  por tu “hombre animal”, no sólo no avanzarás en el camino de la santidad, sino que cada día serás más esclava de tus bajos instintos, lo que te llevará a sembrar desamor, división, discordia, entre tus hermanas de Comunidad.
Si así te comportas, observarás que cada día tienes menos hambre de Dios, de oración, de silencio interior, de sembrar paz, dedicándote a criticar, a murmurar, a humillar a toda hermana o  persona que no piense como tú.
Eres cristiana y consagrada en la medida que vivas en amor con Dios y con  las personas con las que te relaciones, descubriendo a la  vez que el camino que te lleva a Dios, además de la oración, es el sufrimiento, la mortificación, las humillaciones, la humildad y el desprecio de ti misma.
Como vez se trata de cumplir lo que dijo Jesús: “Quien quiera ser mi discípulo que se niegue a sí mismo, que tome su cruz y me siga”.
Es curioso observar, cómo Religiosas que viven en un mismo convento, ya gozan de un Cielo anticipado en sus  almas, mientras que otras sufren un verdadero martirio, producido por sus bajas pasiones que las tienen esclavizadas. Sé tú, hija mía, del grupo de las que gozan ya  un Cielo anticipado.
Con mi santo cariño de padre en el Señor.



P. Julián Lorente Lozano


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